amor entero

Me dices que lloraste muchas noches por mí. Que te dormiste llorando con la idea de no tenerme y mi ausencia te desarmó por completo. Que dormías bien, y que te animaba el hecho de saber que nos veríamos como casualmente, como si no supieras el itinerario de mi día jueves, pero te dolía la pertenencia y el dominio. Ser tuya y estar lejos. Algunos días fríos, me abrigaba tu abrazo a la distancia y saber que me llamarías todos los días a las siete de la tarde, era un calmante a mi dolor ansioso. 
Estabas lejos y me compraste las plumillas del auto, me mandaste una carta el día de mi cumpleaños número veintisiete, me hacías pequeñas tarjetas escritas con una letra perfecta y minúscula con largos textos declarando todo tu amor, le escribiste a mi amiga la tarde que estuve enferma y demoré en contestarte, me llevaste de vacaciones a la casa de tus padres, me compraste el té que me gustaba aunque me amabas con amargura y cuando dejaste de amarme me atendiste mejor que nunca. 
También fuiste un amor entero. 
Te amé aunque fallaste, cuando llegaste tarde, cuando perdimos el tren, cuando te dije que te amaba y me dijiste que no estabas seguro de nada. Cuando me amabas un día si y un día no. Cuando me mentiste y te creí, cuando el entusiasmo te llevó a otra acera, a otra ciudad, a otra cama. 
También fui un amor entero. Me quisiste aunque tengo mal genio y estaba triste todo el tiempo, me quisiste aunque no entiendo las medianías de tablas, pero he dejado todo a medias, me quisiste aunque era tímida y callada, aunque era tan distinta a ti... Amor entero.

Ahora estoy a medias, me desaparezco con las horas, soy la amante y no la esposa, soy vacía y soy incompleta

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