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Misiva del segundo mes

Veinte. Veintitrés treinta. Veintitrés treinta y cuatro. "Estás esperando hace mucho rato?" Ese primer catorce bastó.  Largos cinco versos dibujan tu discurso y a veces me rozan - espero que no sea una casualidad. Cero cero ante merídiem. Estoy esperando que los minutos se ladeen, que el tiempo se detenga, que un abrazo me deshoje, que la sed de sus ojos se sacie mirando los míos.  Qué tiene, qué tenemos. Nada vacila, nada titubea. El silencio se pobló de incertidumbres moribundas, de su voz infalible, de sus ojos constantes.  Te estoy buscando, esperando, anhelando que las horas no se cansen de nosotros, que el dos mil quince se fracture, que Dios te cuide; que un día - por fin- mi mano se encuentre con la tuya y no sea una casualidad. ¿Me estás esperando hace mucho rato?. Tercer catorce. Feliz tercer catorce. 

Me voy.

Miré tus ojos y te besé la sien. A veces te miro mientras pasan las horas, a veces te escucho. Hablas contigo y peleas con el silencio, con las horas oscuras, con las cadencias o el siglo XXI. Me encanta cuando pasan las horas y estás. No importa si tu boca no me habla o tus ojos no me miran a los ojos, o si tus manos prefieren trabajar meticulosamente en alguna empresa nueva. Estás y es suficiente. Eso basta.  Ahora me visto y me voy. 

Anecdotario ausente.

No sé qué año vivimos. Pero es jueves, y hay poco huavonaje trabajando y pocos pendejos viene a clases. Terminé. Guardé mis bártulos, mi música, el violín. Salí a tu clase y te busqué. No estabai. Subí las escaleras y entré al conservatorio. No estabai. Te busqué en la oficina, en la sala de instrumentos, le pregunté por ti al gato Salas. No estabai, así que me fui. Crucé Carrera, O' Higgins y subí por Poupin. Ahí estabai. Pidiéndole permiso a una pata pa' mover la otra. Yo no lo hacía mucho mejor tampoco. Seguí mi ritmo y te seguí un par de cuadras tal vez. Te saqué una foto. Me encontré contigo y me saludaste. Te mostré la foto. "Oye, pero eso es allá abajo. Cómo no me llamaste", no quería parecer loca gritándote, "bueno, estás bastante loca como para estar a diez metros y seguirme sin decir nada todas estas cuadras. No tenías que gritar", papá estás sordo. A veces estoy al lado tuyo gritándote. "Salí y te busqué y el gato me dijo que te habías ido...