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Mostrando entradas de abril, 2013

Avryl

Abril. Detrás del otoño encontré una sentencia imperceptible. Un halo de pura nostalgia me visita mientras los días se acopian. De pronto la muerte es mi vecina disfrazada de abeja. Estoy triste. Se desmayan las ilusiones y abril se pone gris, áspero, eterno. Yo, busco al tiempo para redimirlo, para suplicarle que no se lleve las horas, ni los crepúsculos, ni mi amor. Abril se desviste de las hojas y me mira con odio. Perdóname si no fue suficiente. Abril me abrió los ojos. Intoxiqué las horas con mis adornadas palabras, con los besos innecesarios, con las promesas que no fueron, con el decir inconcluso. Abril se llevó mi música. Abril se nutre de mi quebranto y no deja que las abejas enjuguen mis lágrimas. Perdóname, por favor. Quiero ser buena... Perdóname, solo soy el ocho que hacen las abejas cuando vuelan.

Rubén

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(Rubén se merece unos versos, se merece las sombras, se merece mi ausencia.) Me despierto en algún desordenado mes del año dos mil once y suena "Im Wunderschönen Monat Mai". Te veo sin conocerte y se dibujan unos sueños confusos en tu mente. Me miras como única y yo me siento como huésped al final de los días. Te vas desnudando de mis pupilas, mis papilas, mis canciones, mis libros, de pronto; de mi amor. La ira te besa los ojos y se sacuden tus deseos de amarme. Me odias. Me dejas olvidada en algún lugar de Chile y el silencio me viste de tristeza. Me buscas, me escribes, me amas de nuevo. Yo te espero con los ojos abiertos; perdona la ausencia, perdona las millas, perdóname el olvido.

En ti.

Te estoy mirando de lejos; pequeño y tímido, me miras de reojo. Te estoy llamando con el pensamiento. Te llevaste las horas muertas, las guardaste en tus ojos oceánicos y se transformaron en olvido. Me besaste la frente, las sienes, los párpados; me buscaron tus manos, tus dedos se pasearon por mi espalda; tus brazos me poseen en un abrazo infinito. Me miras a los ojos. Me sumerjo perdida en ellos. No quiero irme de ti. Guárdame. Deja que me quede. Déjame morar en ti. Sacude las palabras y la tristeza que dejó el que vino antes, cierra tus ojos y sáname. Yo cierro mis ojos, te veo. Estás.

Dónde

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Donde estás? A donde huyeron tus abrazos, tus risas explosivas. Dónde estás? Yo tuve que sobrevivirte y seguir viviendo. Seguir respirando ese mismo aire, esa misma ausencia tan tuya, tan mía. Tanta soledad entre estas líneas, tanta angustia, tanto pesar y seguir caminando. Despertarse, mirar, levantarse y caminar; buscarte, extrañarte; mirarte ahora de lejos como una extraña, como cualquiera, como las otras. Solo dime, dónde estás.

No.

Detrás de tus ojos, no vi mucho; delante de ellos, la desnudez de tus manos y una cárcel de piernas, (rumor de angustias), un lloro que se caía por dentro de ti, un amor estacionario, una mujer tendida y rendida sobre la llanura de tu cuerpo. Los besos se te caían de la boca como lágrimas, venían hacia mí como poesías aladas, lleno de versos y sus nubes atestadas de súplicas. Yo te amé con la simpleza de las abejas y el verano, con la pasión de las olas que nos vieron como recién nacidos; Fuiste esas olas a veces, yo la sacudida arena que te besó las corrientes. Sobre mí hiciste una canción que no me pertenecía y que olvidé la letra a veces; tu cuerpo fue una hoja sobre la que escribí estas letras y esa hoja me rebanó los dedos con el filo de sus desamores. Contigo tuve todo lo que no debías darme. Todo lo que no merecía vino de ti, de tus manos, tu música, tu abrazo, de las primeras dulces palabras y las que dijiste en silencio al final de los días. Te fuiste con todo. Te fuiste...

Off again

Cuando estamos juntos apago la música, para que cuando te vayas sin volver, ninguna melodía te traiga a mis recuerdos.

Natután

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natutan, Amor subrepticio Primavera ficticia Corazón enmarañado. Llegaste un verano, Trajiste atardeceres, vino tinto Y un rumor de besos no correspondidos. Yo te estoy buscando entre estas frías cosas Natutan, De ti salió una ventana Una puerta Un caminito de pierdas y tierra. Un recién nacido, un malvenido llanto, Una nube eterna. Natutan, Estamos solos en la recámara de las fantasías. Tu cuerpo dormido no me espera. No se desarma, no me quiere. Es una ilusión. Te llamo tímido y prendo la lamparita del velador. Te has ido. Te fuiste a nacer. O a reinventarte. O a mirar el cielo de Antofagasta O a circular por las calles y fantasear que te encuentras conmigo. Natutan, Me olvidé de los detalles. Me sé tu rostro, pero no estoy tan seguro. Parece que me sé tus manos, Parece que olvidé tus ojos. Parece que te fuiste. Te olvidé, porque tú me olvidaste primero. Natutan, Grisácea caminas y te ausentas. Ya no te quiero.

Sequoia sempervirens

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Verde, nido, sombra, milenario, oxígeno al sol, enraizado, noble, firme, de ramas alzadas como brazos, como manos que te claman y buscan. Puro, amarillo, deshojado, en fotosíntesis, al borde del caudaloso río. No me llevan las lluvias, mis raíces no respetan la civilización, mis hojas no respetan estación. Quiero ser un árbol.

KHUYANA

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Amor, desciende de tus ojos Una abeja plateada que me mira Con dos ojos pequeños y amarillos. Misk'i, ven. Camina sobre mi rumisunk'u, Quebranta la piedra anidada en mi pecho, Despiértame del sollozo. Acércate Takiri, Besa mis párpados de sol y angustias, Mis ojos de sal y olvido, De shulla, de nubes. Posa tus sueños Sobre mis manos, Posa tus desvelos Sobre mis costillas; De ahí nacerán Olvidos nuevos. Chikan, alcánzame y mira que soy un mallki, Mira que soy desierto Y sombra también. Soy madera Y arena, Desterrada calma, Extenporáneo deseo de lluvia. Sacúdete, mírame, Agota el fruto, Calma las desventuras, Desvívete por mis lágrimas de miel. Enjuga mis deseos, Hazme realidad. Chikan, waynay, amor. Yo también soy digna de ser amada.

Recíbeme

Recíbeme. Recíbeme toda. De boca a manos, de ombligos a pies. Recíbeme luminosa, feliz, hambrienta. Recíbeme "sin rechazar lo que nos traiga el viento ni recoger sólo la luz del cielo". Te pertenezco toda; Te doy este día Que solo me limiten tus abrazos o tu sonrisa. Que sólo sea mi desordenado pelo lo que oscurezca la claridad del día. Recíbeme no sólo en la hora débil O en el día solitario. Recíbeme satisfecho, hastiado de mirarme, cansado de mis besos. Recíbeme toda. Tarde o al filo del crepúsculo, Distante y dolorosa, moribunda O llena de ti y de vida.

Nosotros

Un par de mariposas sobreviven bajo el pequeño ombligo; un par de espinas quedan en el meñique de los pensamientos, un par de besos guardan las sienes caídas, un millón de luces guardan tus ojos. Pequeña, enraizada te ibas de mí, dejando nidos enmarañados en mi pecho, dejando lodo gris en cada paso, causando estragos con tu ausencia, dejándome sin irte tan lejos. Te miro con ojos de sombra, te despierto de la hostilidad de tus sueños, te abrazo como me abraza el mar tranquilo a veces, te cubro con mi cielo estrellado, te amo como a nadie. Te regalé mis frutos; te deshojaste entre mis brazos, diste vuelta el reloj de arena, sacudiste el polvo de mis entrañas, dormitaste sobre mi respiración, te despertaste más aguda, te amé por sobré todas las flores. Dejé que te fueras, te dejé ir a morir, te dejé sola, te dejé. Me alejé de ti, te alejaste de mí y aún quedan tantas raíces, tantas mariposas. Pienso en tu cuerpo amazónico; tupido de mis besos, mis abrazos, mis manos, mis ojos, m...