libros verdes

Era el último día del 2025. Parecía un día normal, lo fue después de todo. Se levantó temprano para sacar a los perros y se juntó con su familia a tomar desayuno en un café nuevo que habían abierto en coviefi. Comió hasta que quedar satisfecha. No acostumbra más que a tomar un café por la mañana, y almuerza temprano habitualmente, pero ya eran casi las 11 de la mañana, casi su hora de almuerzo y comió como si lo fuera.
Pasó la tarde con una idea en la cabeza. "El s* dijo que iría a la noche".
Hace semanas que no tiene noticias de él. No fue su voluntad, no era su deseo. Pero no quería sentirse resentida porque, para bien o para mal, S* no quería estar con ella. Si en una forma que ella deseaba, pero no de la manera que le era menester.
Llegó la noche y cenaron. Terminada la comida, movieron las mesas y bailaron. Ella bebió más vino del que estaba conciente. No demasiado, pero estaba evidentemente ebria.
Su mamá se despidió y se fue y tuvo el impulso de irse con ella. Pero su hermano le insistió que se quedara.
A alguna hora de la madrugada apareció S*. La recorrió un sentimiento de euforia. Había estado actuando como una loca, y no quería que él pensara que realmente lo estaba, pero tampoco quiso que pensaran que era distinta con él.
Se acercó a saludarlo y se abrazaron como si no se vieran hace años. Como buenos conocidos que se despidieron o no, un día cualquiera y se volvían a ver. Al menos así actuó ella. En principio.
Los abrazos tienen memoria. El olor de su cuerpo, sentir su cara en la suya, sus brazos rodeándola. Te quiero besar, le dijo. O cree eso. Estaba considerablemente ebria. Así que no recuerda tan bien lo que pasó los 40 minutos que sucedieron a ese abrazo.
Él la invitó a conversar afuera. Se besaron y ella le sugirió que se fueran de ahí. Pero si acabo de llegar, le dijo él. Verdad, dijo ella. Quédate un rato a compartir y después nos vamos. Mejor vámonos ahora, cambió de opinión él. Insistieron en un uber, hasta que por fin un auto los tomó.
Se bajaron en antonino toro. La luz tenue del pasaje, hacia parecer que protagonizaban una peli de terror. Pero se besaron y fueron a casa.
Ella se quitó el vestido, él se quitó las zapas y el pantalón. Se sintió hermosa en su desnudez y muy húmeda le montó e hicieron el amor frenéticamente. Descansaron un momento y en el éxtasis de sus besos, ella cupo otra vez perfectamente en su cuerpo. Ella se recostó boca abajo en la cama y él la trajo hacia su cuerpo tomándola con fuerza. La penetró con suavidad y luego con fuerza, ella gimió alto, tapándose la boca con la mano y apoyando su cara contra el colchón. Descansaron y ella le dijo que lo amaba. Él dijo que parece que él también la amaba. Sintió que amarlo estaba por sobre sus habilidades, que no sabía hacerlo bien, que nada en ella era suficiente. Entonces lloró. La incomodidad gobernó el momento y él trató de cambiar su discurso. Quizás lloró porque es lo que hace cuando está ebria. Pero a estas alturas, ha aprendido a ser vulnerable. Sin culpa. Qué mierda. Si la ve desnuda, qué importa si la ve llorar. Se calmó y se besaron, él la acomodó de costado, subió su pierna y la penetró en una posición nueva y particular.
No durmieron esa noche. Hicieron el amor cuatro veces.
Él se despidió como a las 6 de la mañana, se vistió y bajaron y ella lo dejó en la puerta abandonandose y dejando atrás todas las expectativas.
Pensaba que no tenía idea cómo iban a pasar las cosas de ahí en adelante. Todo había sido o muy casual o muy orquestado. O quizás eran los designios de Dios.
De tantas personas que ha conocido, a las que ha querido, deseado, él siempre vuelve y reaparece como una idea nueva.
Ella también cambió. Quiere pensar que para mejor. Desea ser auténtica y única.
Su urgencia no está en la necesidad. No tiene todo resuelto, pero a decir verdad, no necesita a nadie de ninguna manera. Piensa que es capaz de estar con ella misma y morir de vieja sola.
Pero, él es distinto. La hace reír de formas que parecen irreales. La besa como si supiera que hay en su mente. La toca con expertiz, y su cuerpo hace cabida perfecta a todos los huecos de su cuerpo. La hace feliz, la hace sentir, la hace ver las cosas desde otro prisma. Quiere ser mejor con él, acompañarlo en el desarrollo de su personaje e imagina cómo sería pasar el resto de su vida juntos. No tiene miedo, siente curiosidad. No tiene ansiedad, siente placer de compatir con esta persona maravillosa que un día de marzo del 2014 fue a verla a su casa sólo para saludarla y ver cómo estaba.
Ojalá él se viera con los ojos con que lo ve ella. Ojalá viera todo el potencial que tiene y el amor que ella dibuja cuando están juntos. Piensa que su vida mejoraría junto a él.

Ojalá celebremos año nuevo para siempre. Te adoro

*estoy leyendo sally rooney, perdón

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