tonada por despedida
Te digo adiós y no me he ido todavía. Tú tampoco te fuiste. Solo se desordenaron las caricias, tu beso ausente suspiró de mi aliento y yo que no te esperaba, empecé a extrañar tu amor a deshoras. Tu mano firme sobre mí, tu beso suave, tu ausencia estacionaria, tu amor a medias, tu amor que me dio algo, tu amor incompleto.
Te pareces a la sombra rígida que me visitó esa noche fría del año del gallo. Me hizo el amor, tarde y con premura. Sin prisa urgente, pero con ansiedad de las horas que pasan más a prisa si estamos juntos.
Te pareces a ti mismo cuando me amaste sin amarme de veras. Porqué tu amor no se abre como una flor, porqué tus palabras nunca me besaron, porqué tu corazón no se me dio como agua clara, como agua oscura. Nunca dijiste nada que abrazara mi corazón, que desnudara mis sienes. Cómo descubrirte en la penumbra. No fuimos más que besos y desnudez, y un te amo impuntual.
No supe llegar a ti. No supe buscarte, esperarte, ni supe cómo hablarle a tu corazón lleno de ausencias mías.
Perdóname otra vez el daño irremediable que te hice. Yo perdono tus palabras que parecen grandes y vacías.
Eres tan grande y alto, y esto es demasiado para mí. Me estoy desojando y tengo ganas de marchitarme y morir y no me estoy muriendo. Sigo viva en esta vida con tu ausencia. Con mi amor dolorido, con las horas tácitas, con el verbo indecible, con los dedos llamando tu cuerpo, con mi boca llamando a tu boca, con mi mente tratando de conectar con tu mente, con mi corazón tratando de amar a tu corazón.
Te digo adiós, a mitad de camino.
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