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Un beso tácito, una sombra, la palabra muda, un decir que no entiendo, un esperar lo imposible.
Ojalá nada te hubiera cerrado los ojos. Ojalá tu abrazo me esperara en la distancia. Ojalá nos quedara una última noche. Ojalá me amaras todavía.
Pero te fuiste, no sé a dónde, y si supiera, no sabría caminar sobre tus pasos, no sabría cómo seguirte. Me cubriría el miedo de encontrarte distinto, me abrazaría la pena de perderte infinitas veces.
Desde que te perdí te recuerdo más pequeño, más enjuto, disminuido, enfermo. Tu carita no le hace justicia a mi dura memoria. Tú no eras así.
Eras verdad y eras pensamiento y a veces música o libros, o un bloody mary el sábado, pescado al horno y vino tinto, bukowsky los lunes, y encontrarnos casualmente los días jueves.
No te quiero pedir nada. Pero te voy a tener que pedir que no abandones este doloroso pensamiento de tenerte y no tenerme. De amarte y que no me ames ya. De seguir aquí y que tú hayas cerrado tus ojos para siempre.
No entiendo. No quiero entender.
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