Misiva de fin de enero.
Y me abrazas de repente, sosteniendo mi tristeza entre tus brazos. Me desarmo y se desparrama sobre tu abrazo todo este dolor.
Tu ensordecedora indiferencia me besa la frente y casi por inercia tu boca me pide perdón.
Me abrazas con tanta culpa y con tanta ausencia; pero ya no estabas conmigo hace tanto tiempo. Un resquicio de soledad te acunó cuando dormías.
Desde esa noche, he muerto noventa veces, o más. He muerto y ni cuenta te diste.
Tu indiferencia me besa cada noche la frente, me besa y ni cuenta te das.
Comentarios
Publicar un comentario