Encuentros & el Impulso Vital
Era un mes desordenado del 2017. Había mucha novedad en mi vida. Habían aires de independencia. Estaba abruptamente sola y aunque no era feliz supongo que estaba tranquila o ausente, o un poco de ambas cosas.
Un extraño entusiasmo me hizo adoptar un perrito. Baldomero le puse, como el escritor chileno Baldomero Lillo. No sé cómo fue, pero recibí un mensaje tuyo después de estar incomunicados casi 6 o más meses. Ya no sé de fechas. Me acuerdo que estaba enferma; amigdalitis quizás, o una gripe; algo que me hizo quedar en casa ese día y no salir a trabajar. Te invité a conocer a Baldomero, aceptaste y pasaste con aires urgentes a mi casa. Yo estaba en pijamas, quizás hacía algo de frío. Estuvimos en el living conversando y regaloneando al cachorrito Baldomero Lillo. Pero ya te tenías que ir. No me acuerdo si nos besamos de inmediato, pero tengo certeza de que cuando nos despedimos definitivamente me tomaste y nos besamos y sentí todo tu cuerpo fundirse en un abrazo. No hubo ternura. Sentí tu sexo sobre la ropa, buscando mi sexo sobre el pijama y lamentaste tener que irte. Me vistió una felicidad notable, sin misterios. De los años que te conocía, cada vez que nos encontramos, el fin era amarnos sin pudor. Como si el tiempo casi no hubiera pasado. Como si las cosas estuvieran dispuestas exactamente igual que la última vez que nos amamos. Urgente, un poco violento.
Baldomero ya tiene 8 años y todavía, cada vez que te veo siento el impulso vital de besarte en la boca si te veo y volver un poco atrás, al 2014, a nuestro primer beso.
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