Una Quimera al día.
Génesis: "Volví y estaba toda mi vida desparramada en derredor. Que circunferencia más tortuosa y maravillosa. Encuentras cosas que creías perdidas y los escombros se hacen más obvios. Es tiempo de deshacerse de lo que está de más y reubicar los tesoros. Lo primero fue deshacerme de me mesma y luego reubicarme en algún recoveco recóndito..."
Una quimera al día.
Día 1: "Todo lo que falta es lo importante", a saber: una chuchería que de vez en cuando te traiga a mi floja memoria.
Día 2: Remembranza, No había sombra esos días. El sol se escondía más tarde que de costumbre y los días pasaban casi sin que nos diéramos cuenta.
El mundo parecía un gigante reloj de arena - ésta, se metía inexorable por cada rincón y se pegaba a cada desnudez que le era posible. Cuando el viento soplaba fuerte, parecía también que el tiempo apuraba su paso.
Inmersos en la profundidad de unas aguas que hicimos nuestras, cuando tu cuerpo golpeado por el sol se asomó a la superficie y tus pies ya no tocaban el fondo; dijiste entonces "Me gusta la sensación de no tocar". Me gusta la sensación de no tocar, repetí. Me gusta
Día 3: Sueño Delta; Llegando a la mitad del año 1991, hubo un aluvión que no entendí. El año 1995 hubo un terremoto en la ciudad donde vivo, pero yo no me enteré hasta que amaneció ese día... Ayer hubo frente de mal tiempo y no supe hasta que ya había salido el sol.
Figuro viviendo de consecuencia sobre los hechos que no vi, que no viví, que no me despertaron...
Día 4: Pídeme, Pídeme que calce mis pequeños pies en la orilla; pídeme que abra los ojos; pídeme mientras la inmensidad de tus manos me rodea, pídeme que hable; pídeme que vuelva, pídeme que hacia ti vuelen mis ganas. En ti me quedo flotando si acaso me lo pides...
Día 5: Acérrima indiferencia. Me dueles.
Día 6: Estoy muy vieja y ajada para cambiar algunas cosas. Hoy toqué con la punta de mis pequeños e indómitos meñiques el cielo raso. Debí estudiar más.
Día 7: Morbo; De manera casi mecánica, tomar profundamente aire para sentir el agradable aroma del pasto recién cortado, que no es más que un grito de dolor y angustias... una llamada de auxilio.
Y si... Nos gusta el olor a pasto en peligro.
Día 8: Todo lo bueno pasa un 8 que parece cualquiera y se hace infinito.
Día 9: Ahora sí el color de los días parece diferente. Y tuve ganas de escribirte y preguntarte cómo estás, cómo amaneciste, cómo pasó tu día, comiste bien, estás muy cansado ya a estas alturas del año? Me gustaría saberte todos los días, pero tampoco quiero molestarte. No sé bien qué concepto tienes de mí ahora.
En una suerte de conservar lo que significas y lo que eres, te propongo escribirte una vez a la semana para saber de ti, para saber cómo estás... Si acaso no te parece, puedes no responder.
Ya no te quiero asir, quiero que seas tú con todas tus distancias y tus otoños y tu risa grande y tu ronca voz de lejos. [las cartas que no te envié]
Día 10: El día de las últimas oportunidades, el de las últimas veces.
Cuando sabes con certeza que es tu última oportunidad, y ésta está llena de dudas y confusos trémolos. No es tu culpa pero te sientes inmensamente culpable. Te mereces esta difícil oportunidad, pero no quieres que sea la última.
De ésta última vez diría que por fin termina este día lleno de cosas repetidas. Siempre es lo mismo.
Día 11: Tan pocas veces recuerdo lo que sueño. Pero esta mañana me desperté soñándote...
<Estaba yo de vacaciones con la Javiera y su familia. Habíamos arrendado una cabaña en un pueblo que tenía un lago. Parecía un día de verano, yo estaba ordenando, Javiera venía con su tropa de ver lo del almuerzo, y nos disponíamos a hacer algo cuando de pronto golpean la pequeña puerta de la cabaña. Ahora me parecía un lugar más pequeño.
Se asoma por la puerta una cabeza con pelo cano y una gran nariz, unos ojos redondos y tristes y una pequeña boquita. No lo podía creer. Hizo un par de preguntas y no lo dejé seguir hablando. Lancé todo mi cuerpo impulsivamente en un abrazo que lo atrapó. Me puse a llorar con mucha tristeza y él me decía en un tono desinteresado "ya, ya mi pequeñita. Yo también pensé mucho en ti". No lo solté nunca... quería decirle tantas cosas. Me tragué el nudo que tenía en la garganta y sin pena le dije " te eché tanto de menos"...> Y me desperté.
Día 12: Con cierta antipatía, sentí como martillabas inmisericorde una idea nueva en mi sien. Al principio, vino la extraña sensación de fricción, de clavos falsos, de hastío rotundo, de días nuevos. Cuando por fin desperté, me di cuenta que también había dolor, una esperanza y tu tortuosa música de fondo aportillándome los días.
Día 13: Un mes. Algunas distancias son relativas; como el tiempo en el que transcurren y van muriendo de a uno los días que trae un mes. Algunos segundos cambian la vida y la tuercen para siempre, a veces tienen que pasar kilómetros de sombra y billones de milésimas de segundo para que los atardeceres se encausen. A veces basta una noche para redimirse, a veces basta una noche para perderse infinitas veces en la costilla del hombre equivocado, a veces es necesario el tiempo de los caprichos para ver por fin lo que era necesario.
Cuánto más cambian las cosas en 30 días. Pero el tiempo, por si solo, nada cicatriza, nada cierra, nada hunde, nada cura.
Día 14: Tal vez hayan otros días. Tal vez hayan otros nombres. Tal vez se fundan otros mundos en el nudo voraz de las ausencias. Tal vez digas mi pálido nombre a oscuras cuando el verano llega y se ilumina tu rostro una tarde cualquiera. Me lleno de dudas y la respuesta a toda la vanidad de este siglo es; "eso no va a pasar"...
Día 15: Qué fácil ser yo sintigo y sinmigo. Oh. Espera, eso no existe.
Día 16: Yo esperando y el silencio otorgando.
Día 17: Los días sin ti, tienen sabor a sucedáneo.
Día 18: Entonces ahora es mi turno de huir y esta vez es tu turno de levantarte y buscarme.
Y qué ganas que esta vez no me encuentres. Que se te peguen los párpados, que la desesperación te bese las manos y te guíe por sinuosos senderos. Qué ganas que tengo.
Rubens, a quien ella admira en demasía, leyó y con manos seguras aseveró 'estás rota' mientras le guardaba un mechón de cabello detrás de su pequeña oreja, e imperativamente dijo ESCRIBE. No iba a surcir ningún sueño ajado, ni a levantar a heroínas quebradas, o a inaugurar fiesta en su pecho, pero "lo haces bien y tal vez te haga sentir mejor. Tienes que vaciarte". Miró a Rubens a los ojos como si lo viera por primera vez y sin despedirse se levantó y se fue. Él pagó el café y se quedó esperando, por si acaso ella volvía.
Una quimera al día.
Día 1: "Todo lo que falta es lo importante", a saber: una chuchería que de vez en cuando te traiga a mi floja memoria.
Día 2: Remembranza, No había sombra esos días. El sol se escondía más tarde que de costumbre y los días pasaban casi sin que nos diéramos cuenta.
El mundo parecía un gigante reloj de arena - ésta, se metía inexorable por cada rincón y se pegaba a cada desnudez que le era posible. Cuando el viento soplaba fuerte, parecía también que el tiempo apuraba su paso.
Inmersos en la profundidad de unas aguas que hicimos nuestras, cuando tu cuerpo golpeado por el sol se asomó a la superficie y tus pies ya no tocaban el fondo; dijiste entonces "Me gusta la sensación de no tocar". Me gusta la sensación de no tocar, repetí. Me gusta
Día 3: Sueño Delta; Llegando a la mitad del año 1991, hubo un aluvión que no entendí. El año 1995 hubo un terremoto en la ciudad donde vivo, pero yo no me enteré hasta que amaneció ese día... Ayer hubo frente de mal tiempo y no supe hasta que ya había salido el sol.
Figuro viviendo de consecuencia sobre los hechos que no vi, que no viví, que no me despertaron...
Día 4: Pídeme, Pídeme que calce mis pequeños pies en la orilla; pídeme que abra los ojos; pídeme mientras la inmensidad de tus manos me rodea, pídeme que hable; pídeme que vuelva, pídeme que hacia ti vuelen mis ganas. En ti me quedo flotando si acaso me lo pides...
Día 5: Acérrima indiferencia. Me dueles.
Día 6: Estoy muy vieja y ajada para cambiar algunas cosas. Hoy toqué con la punta de mis pequeños e indómitos meñiques el cielo raso. Debí estudiar más.
Día 7: Morbo; De manera casi mecánica, tomar profundamente aire para sentir el agradable aroma del pasto recién cortado, que no es más que un grito de dolor y angustias... una llamada de auxilio.
Y si... Nos gusta el olor a pasto en peligro.
Día 8: Todo lo bueno pasa un 8 que parece cualquiera y se hace infinito.
Día 9: Ahora sí el color de los días parece diferente. Y tuve ganas de escribirte y preguntarte cómo estás, cómo amaneciste, cómo pasó tu día, comiste bien, estás muy cansado ya a estas alturas del año? Me gustaría saberte todos los días, pero tampoco quiero molestarte. No sé bien qué concepto tienes de mí ahora.
En una suerte de conservar lo que significas y lo que eres, te propongo escribirte una vez a la semana para saber de ti, para saber cómo estás... Si acaso no te parece, puedes no responder.
Ya no te quiero asir, quiero que seas tú con todas tus distancias y tus otoños y tu risa grande y tu ronca voz de lejos. [las cartas que no te envié]
Día 10: El día de las últimas oportunidades, el de las últimas veces.
Cuando sabes con certeza que es tu última oportunidad, y ésta está llena de dudas y confusos trémolos. No es tu culpa pero te sientes inmensamente culpable. Te mereces esta difícil oportunidad, pero no quieres que sea la última.
De ésta última vez diría que por fin termina este día lleno de cosas repetidas. Siempre es lo mismo.
Día 11: Tan pocas veces recuerdo lo que sueño. Pero esta mañana me desperté soñándote...
<Estaba yo de vacaciones con la Javiera y su familia. Habíamos arrendado una cabaña en un pueblo que tenía un lago. Parecía un día de verano, yo estaba ordenando, Javiera venía con su tropa de ver lo del almuerzo, y nos disponíamos a hacer algo cuando de pronto golpean la pequeña puerta de la cabaña. Ahora me parecía un lugar más pequeño.
Se asoma por la puerta una cabeza con pelo cano y una gran nariz, unos ojos redondos y tristes y una pequeña boquita. No lo podía creer. Hizo un par de preguntas y no lo dejé seguir hablando. Lancé todo mi cuerpo impulsivamente en un abrazo que lo atrapó. Me puse a llorar con mucha tristeza y él me decía en un tono desinteresado "ya, ya mi pequeñita. Yo también pensé mucho en ti". No lo solté nunca... quería decirle tantas cosas. Me tragué el nudo que tenía en la garganta y sin pena le dije " te eché tanto de menos"...> Y me desperté.
Día 12: Con cierta antipatía, sentí como martillabas inmisericorde una idea nueva en mi sien. Al principio, vino la extraña sensación de fricción, de clavos falsos, de hastío rotundo, de días nuevos. Cuando por fin desperté, me di cuenta que también había dolor, una esperanza y tu tortuosa música de fondo aportillándome los días.
Día 13: Un mes. Algunas distancias son relativas; como el tiempo en el que transcurren y van muriendo de a uno los días que trae un mes. Algunos segundos cambian la vida y la tuercen para siempre, a veces tienen que pasar kilómetros de sombra y billones de milésimas de segundo para que los atardeceres se encausen. A veces basta una noche para redimirse, a veces basta una noche para perderse infinitas veces en la costilla del hombre equivocado, a veces es necesario el tiempo de los caprichos para ver por fin lo que era necesario.
Cuánto más cambian las cosas en 30 días. Pero el tiempo, por si solo, nada cicatriza, nada cierra, nada hunde, nada cura.
Día 14: Tal vez hayan otros días. Tal vez hayan otros nombres. Tal vez se fundan otros mundos en el nudo voraz de las ausencias. Tal vez digas mi pálido nombre a oscuras cuando el verano llega y se ilumina tu rostro una tarde cualquiera. Me lleno de dudas y la respuesta a toda la vanidad de este siglo es; "eso no va a pasar"...
Día 15: Qué fácil ser yo sintigo y sinmigo. Oh. Espera, eso no existe.
Día 16: Yo esperando y el silencio otorgando.
Día 17: Los días sin ti, tienen sabor a sucedáneo.
Día 18: Entonces ahora es mi turno de huir y esta vez es tu turno de levantarte y buscarme.
Y qué ganas que esta vez no me encuentres. Que se te peguen los párpados, que la desesperación te bese las manos y te guíe por sinuosos senderos. Qué ganas que tengo.
Día 19: No quiero guardar silencio, pero tampoco quiero hablar; entonces trazo versos en línea recta, a ver si un día por fin me escuchas.
Día 20: Prosa pirática: Esta es una historia que guardé por 108 años - tal vez un poco menos, pero no importa, dejaremos que el misterio y lo impreciso sazonen esta aventura.
Era el año de los referéndums, las elecciones, los falsos plebiscitos, los excesos, el primer Papa no italiano y entre otras tantas, lo más importante vendría a hacerme luz casi 40 años después. Yo conocía a Edward Drummond, más conocido como Barba Negra, y también sabía de la elegancia y aficiones de Bartholomew Robert, conocía bien a la irreductible Mary Read, pero nunca había oído hablar del Pirata Cafacho.
Era agosto de un año del siglo XXI, y volvía él a sus tierras después de años lejos. Yo no sabía de él; mi afición no eran ni los barcos, ni la vida en altamar, ni la clandestinidad de los piratas. Su barco había encallado, así que estaba obligado a estar 2 semanas hasta que la marea subiera. Noté su presencia, las aguas se hacían sordas con su caminar, su interminable tabaco y ese gran signo de interrogación en su diestra. Lo vi, pero él no me vio entonces. Tendrían que pasar algunos días y el sol tendría que verse distinto.
Me alisté para trabajar en sus arcas. Me puse al final de una fila y él me vio, seguramente por primera vez. Era un pirata bueno, estaba a la cabeza de toda obra por insignificante que pareciera y así fue como sus ojos dieron en los míos. Hasta que una tarde me invitó a dar un paseo.
Me conversó mirándome a los ojos mientras bebíamos cerveza en una cantina cerca del puerto. Cuando se acercaba la hora en que las estrellas empiezan a esconderse, vimos la inmensidad del océano y me abrazó por primera vez y me hizo escuchar una canción para mí nueva.
Los días siguientes no fueron diferentes. Mas no éramos perfectos; ningún hueco de mi cuerpo hacia espacio para él, los dos éramos huesudos; él roncaba y yo tenía el sueño ligero; él no tenía miedo de las palabras, yo tenía mi verborrea hacia dentro; yo vivía en tierra firme y él vivía como un pirata. No importaban nuestras asimetrías, cada noche antes de quedarse dormido, sus pensamientos buscaban mi pecho y nuestras extremidades se tejían en desordenados puntos.
Pero los días pasaron y la marea subió. Yo sabía que ese día llegaría porque hasta entonces era mi única certeza. Nos despedimos como si quedaran próximos días. No lo vi zarpar, tuve pena ese día, pero era una pena diferente, una pena llena de sonrisas.
Cuando tuvo su primera parada, recibí una de sus cartas.
Ahora no sé qué pasó con Pirata. Quiero decirle que trajo consigo mar arbolada, mar de viento, mares de batallas. Pero también quiero callar, porque sé que sabe todas estas cosas. De vez en cuando regreso a donde encalló su cuerpo una vez, a donde encalló su vida en la mía, a donde juntos forjamos una amistad como no tuve antes. Regreso entonces a mí misma porque después de él, mi vida no es igual - para bien: Su amistad hizo de mí una gran barcaza abierta.
En otras latitudes ya casi pasa el día y empieza el solsticio, no quiero terminar esta historia sin decir - Gracias muchas Pirata, felicidades.
[si acaso lees esto, espero hacerle justicia a los recuerdos transparentes que te queden, y si no, puedes irte a la mierda, maldita rata escuálida]
Día 21: En 6 meses, me fui 5 veces de vacaciones. Yo, que apenas me aprendí las tablas de multiplicar, los meses del año, las cadencias armónicas y los 10 mandamientos. [soy como futbolista de un equipo chico pero platúo]
Día 22: Lo que amo de Rubens, es que tiene un inacabado impulso por levantarse a horas irrisorias por las mañanas para ponerse a estudiar; es sarcástico a un punto que admiro; hace cosas que yo no puedo; no tiene pudor de sus errores; huele a café, a tabaco y a tierra de hojas. Lo que odio de Rubens es que me hace sentir sola cuando se va sin irse; su inteligencia es hiriente; hace cosas que yo no puedo; no tiene pudor de sus errores; huele a café, a tabaco y a tierra de hojas; huele a inolvidable.
Día 23: Había algo peor que el dolor de la posible muerte. Era el dolor de tener que seguir viviendo.
Día 24: Floja memoria; Veamos. Tomé las llaves, abrí la gran puerta, subí las escaleras con ligereza de pies y los ojos adelante. Tuve la impresión que estabas ahí todavía; había olor a días contigo en la cocina, a tu desnudez después de la ducha, a tu ropa limpia en los colgadores del ropero...
Tomé con mucha fuerza todos los recuerdos; inflé mi pecho y se quedaron en mi nariz. Volví a mí y miré hacia todos lados tratando de encontrar el motivo que me trajo de vuelta. No... simplemente no me acuerdo a qué vine.
Día 25: Algunos días empiezan a las 6h40, otros a las 6h00, otros más insomnes, empiezan a las 5h00. Cuando no puede dormir, se levanta a hacer de la vida una rutina áspera. Pero no se queja, ya son las 7h00, la hora de vestir a sus hijitos, y dejarlos en el colegio. Con el mismo entusiasmo, abraza niños ajenos como si tratara de redimir la torpeza del destino que les tocó, de los padres que se pierden en su naturaleza irrefutable.
Cuando es jueves, se da una pequeña licencia después de la jornada laboral y descorcha una botella de vino. Con sus ojos rasgados de naturaleza y de sueño, lo mira, toma sus manos, se acerca para susurrarle y le dice sin un ápice de cordura "mi nivel de sueño es mucho calor".
Día 26: Remiso; La costumbre de tus pensamientos se posa sobre la desnudez de mi pecho y por inercia tus manos me buscan, tu boquita roza mis labios cuando el día termina y están naciendo las primeras horas.
Siento el calor de tu respiración, tu cabecita que se hace más pesada, y tus latidos que se van guardando a medida que pasan los segundos.
Te miro con ojos ya acostumbrados a la oscuridad, te beso la frente y con la certeza de tus ojos dormidos, te susurro en infinitos decibeles que te amo, te amo, te amo...
Día 27: Si acaso despierta viéndose en los ojos de alguien más, no quiero saberlo. Es lo único que te pido Señor; mi total ignorancia.
Día 28: Racconto temprano y fugaz, Hubo días en los que la respuesta a cada supuesto era "eso no va a pasar".
Día 29: La puerta había sido devorada por termitas y silencios vacíos. La casa se veía más grande que la primera vez; alguien había cedido demasiado. El cielo parecía cubierto de seda de arañas, la pintura del techo se venía abajo, la humedad en las paredes hizo revenir recuerdos de un pasado tan cercano. Entonces cerró sus ojos y en un acto imaginario besó ese presente tan agudo y silencioso. Abrió su boca y con certezas de invierno dijo "Me he dado cuenta que estoy en una etapa, en la que me gusta el deterioro de las cosas". Él, en un acto de absoluta aprobación tomó su mano y siguieron caminando en los escombros. Esa casa era también su amor en deterioro...
Día 30: Mañana, cuando pase la mitad más difícil del día, empezará la segunda mitad del año y me voy a vestir de impulsos nuevos con aires viejos.
Día 22: Lo que amo de Rubens, es que tiene un inacabado impulso por levantarse a horas irrisorias por las mañanas para ponerse a estudiar; es sarcástico a un punto que admiro; hace cosas que yo no puedo; no tiene pudor de sus errores; huele a café, a tabaco y a tierra de hojas. Lo que odio de Rubens es que me hace sentir sola cuando se va sin irse; su inteligencia es hiriente; hace cosas que yo no puedo; no tiene pudor de sus errores; huele a café, a tabaco y a tierra de hojas; huele a inolvidable.
Día 23: Había algo peor que el dolor de la posible muerte. Era el dolor de tener que seguir viviendo.
Día 24: Floja memoria; Veamos. Tomé las llaves, abrí la gran puerta, subí las escaleras con ligereza de pies y los ojos adelante. Tuve la impresión que estabas ahí todavía; había olor a días contigo en la cocina, a tu desnudez después de la ducha, a tu ropa limpia en los colgadores del ropero...
Tomé con mucha fuerza todos los recuerdos; inflé mi pecho y se quedaron en mi nariz. Volví a mí y miré hacia todos lados tratando de encontrar el motivo que me trajo de vuelta. No... simplemente no me acuerdo a qué vine.
Día 25: Algunos días empiezan a las 6h40, otros a las 6h00, otros más insomnes, empiezan a las 5h00. Cuando no puede dormir, se levanta a hacer de la vida una rutina áspera. Pero no se queja, ya son las 7h00, la hora de vestir a sus hijitos, y dejarlos en el colegio. Con el mismo entusiasmo, abraza niños ajenos como si tratara de redimir la torpeza del destino que les tocó, de los padres que se pierden en su naturaleza irrefutable.
Cuando es jueves, se da una pequeña licencia después de la jornada laboral y descorcha una botella de vino. Con sus ojos rasgados de naturaleza y de sueño, lo mira, toma sus manos, se acerca para susurrarle y le dice sin un ápice de cordura "mi nivel de sueño es mucho calor".
Día 26: Remiso; La costumbre de tus pensamientos se posa sobre la desnudez de mi pecho y por inercia tus manos me buscan, tu boquita roza mis labios cuando el día termina y están naciendo las primeras horas.
Siento el calor de tu respiración, tu cabecita que se hace más pesada, y tus latidos que se van guardando a medida que pasan los segundos.
Te miro con ojos ya acostumbrados a la oscuridad, te beso la frente y con la certeza de tus ojos dormidos, te susurro en infinitos decibeles que te amo, te amo, te amo...
Día 27: Si acaso despierta viéndose en los ojos de alguien más, no quiero saberlo. Es lo único que te pido Señor; mi total ignorancia.
Día 28: Racconto temprano y fugaz, Hubo días en los que la respuesta a cada supuesto era "eso no va a pasar".
Día 29: La puerta había sido devorada por termitas y silencios vacíos. La casa se veía más grande que la primera vez; alguien había cedido demasiado. El cielo parecía cubierto de seda de arañas, la pintura del techo se venía abajo, la humedad en las paredes hizo revenir recuerdos de un pasado tan cercano. Entonces cerró sus ojos y en un acto imaginario besó ese presente tan agudo y silencioso. Abrió su boca y con certezas de invierno dijo "Me he dado cuenta que estoy en una etapa, en la que me gusta el deterioro de las cosas". Él, en un acto de absoluta aprobación tomó su mano y siguieron caminando en los escombros. Esa casa era también su amor en deterioro...
Día 30: Mañana, cuando pase la mitad más difícil del día, empezará la segunda mitad del año y me voy a vestir de impulsos nuevos con aires viejos.


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