De ti.
Venía yo y mis llagas a cuestas,
el corazón desnudo y frágil, las cuerdas sobre el ceño, atada de pies y manos, el alma en el subsuelo, con un clamor pegado al paladar y las vigas de un desamor anclándome los sueños.
Me miraste y te vi de lejos. Vi mi corazón asirse con una cuerda hasta tus manos, y me llamaste con una voz desconocida. Despedregaste la senda delante de mis pies y una rama invisible nos juntó los ojos. Caminé como aprendiz hasta tu amor arrodillado y extendiste tu ser; con esa voz desconocida me hiciste de nuevo. Entonces vestí mi corazón con tu nombre, viniste a mí y como un árbol nuevo canté esa canción.
Ceñí mi cuerpo al tuyo y me guardaste como tesoro. Abrazaste mi renuevo y cayeron como gotas las espinas. Lloré tu amor y tu voz se hizo canción en mis oídos.
Ya no quiero volver a los días antes de ti. Sin ti no puedo, sin ti no soy, sin tu voz un halo de incertidumbre me abrazaba con tristeza.
Tuya soy como de nadie. Tuya. Recíbeme. Soy de ti, para siempre.
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